Todo lo que nos preguntan las peluquerías caninas antes de empezar. Si te queda alguna duda, pide una demo y la respondemos con tu caso delante.
Atiende el WhatsApp del centro a cualquier hora, informa de tus servicios y de lo que cuestan, agenda citas en la agenda de cada groomer, manda los recordatorios y recoge la confirmación, lleva la cuenta de los bonos de baños y te avisa cuando alguien escribe algo que no puede esperar. En España contesta también el teléfono. Y todo lo que es criterio profesional te llega tal cual, sin tocar.
No, nunca, y es el límite del producto y no una configuración que se pueda cambiar. Si alguien cuenta que su perro tiene una herida, cojea, se rasca mucho o tiene un bulto, ClaudIA no dice qué puede ser, ni si es grave, ni si «no parece nada». Le dice en una frase que eso lo tiene que ver un veterinario y le ofrece reservar la cita de peluquería cuando lo haya visto. Tampoco recomienda champús, pipetas, collares ni dietas. Quien decide qué se le hace a ese perro eres tú y tu equipo.
No, y esto es lo que más te va a ahorrar en el mostrador. El precio de un baño y arreglo depende del tamaño del perro, del tipo de manto y del estado en que venga: con muchos nudos, el trabajo es otro. ClaudIA da lo que tú tengas escrito —el rango como rango, el «desde» como «desde»— y dice claramente que se confirma al ver al perro. Nunca se inventa una cifra y nunca cierra un precio a partir de una foto.
Sí, y en el orden en que las preguntarías tú: si ya han venido antes, el nombre del perro, la raza o la mezcla, el tamaño, cómo tiene el manto y si viene con nudos, qué servicio quiere, cómo se porta con el manejo, y su preferencia de horario y de groomer. Lo pregunta conversando, no como un formulario, y lo deja todo escrito en la ficha para que quien lo atienda lo tenga delante antes de que entre por la puerta.
No, y es la primera pregunta que hay que hacerle a cualquier asistente. El problema de fondo es que aquí una cita no dura siempre lo mismo: un baño de un caniche pequeño no ocupa como el deslanado de un pastor alemán. En ClaudIA cada servicio tiene sus duraciones por tamaño y el asistente pregunta antes de reservar, en vez de acertar por casualidad. Cada groomer tiene su agenda y sus servicios, y además hay un vigilante que revisa las citas cada día y avisa si alguna sale más corta de lo que ese trabajo necesita. Lo único que tienes que hacer tú es dejar escritos los tiempos reales — media hora, una sola vez.
No. En cuanto alguien del centro contesta en un chat —desde el panel o desde el propio WhatsApp—, ClaudIA se pausa en esa conversación y se calla: si siguiera escribiendo a la vez, el cliente recibiría dos voces y ninguna le inspiraría confianza. Y no vuelve sola: esa conversación es tuya hasta que pulses «Reactivar IA». Mientras tanto queda marcada en el panel para que nadie se la salte, y el resto siguen atendidas con normalidad.
Sí, para orientar. Si te mandan una foto del perro o de un corte que les gustaría, ClaudIA puede reconocer el tipo de manto cuando es evidente y proponer los servicios de tu lista que encajan, con el precio orientativo tal cual lo tengas escrito. El precio final y el resultado se confirman al ver al perro: dice que se lo enseñará al groomer y que él dirá qué se puede hacer con ese manto. Y si la foto enseña una herida o algo de la piel, no la valora: deriva al veterinario.
Se avisa antes, no después, que es donde se pierde el cliente. Si en la conversación sale que viene enredado, ClaudIA dice que el groomer valorará al verlo si se puede desenredar o si habrá que cortar más corto, y que el tiempo y el precio pueden cambiar. Lo dice sin dramatizar y sin reprocharle nada al dueño — nadie vuelve a un sitio donde le riñen.
Sí, y es de lo que más se usa. Cada ficha tiene sus notas de manejo —«no le gusta el secador», «no deja que le toquen las patas», «mejor bozal para las uñas», «se queda más tranquilo si el dueño espera»— y ClaudIA las pregunta la primera vez y las deja escritas. Quien lo atienda las ve antes de empezar. Son notas de MANEJO, de cómo trabajar seguro con ese animal: nunca de salud.
Sí, y es la función que más citas trae en este negocio. Tú dices cada cuánto vuelve cada perro —por defecto un par de meses, y se ajusta por servicio o por cliente— y ClaudIA escribe cuando toca, con el nombre del perro y la propuesta de día. No es una campaña masiva ni el mismo mensaje para todos: es un mensaje a quien de verdad le toca, y quien contesta se queda con la cita hecha.
Cada bono tiene sus sesiones y, si quieres, su fecha de caducidad. ClaudIA sabe cuántas quedan y lo dice cuando toca: al dar cita, al confirmar y cuando el cliente pregunta. Al descontar la última propone la renovación en la misma conversación, sin que nadie tenga que repasar una lista. Y si el bono caduca, avisa antes, no después. En el panel ves todos los bonos vivos, cuántos baños les quedan y a quién le falta poco.
Sí. En Productos, junto a la Caja, das de alta lo que vendes en el mostrador —champús, colonias, cepillos, snacks— con su precio, su marca y su código de barras. En la caja lo añades al mismo ticket que el baño, buscándolo por el nombre o pasando el lector de códigos de barras, y sus existencias bajan solas; vuelven si devuelves el ticket entero. Las entradas de mercancía y los recuentos se apuntan con un botón, cada cambio queda registrado y te avisa de lo que está bajo mínimos.
No. Cada perro tiene su nombre, su raza, su manto y sus notas dentro de la ficha del dueño, y ClaudIA pregunta de cuál se trata antes de dar cita. Si vienen los dos el mismo día, se agendan las dos citas con su duración cada una — no un espacio a ojo para los dos.
Lo dice con amabilidad y no lo agenda. Tu lista de servicios es lo que tu centro hace: si alguien pide guardería, adiestramiento, pienso o una consulta veterinaria y tú no lo ofreces, ClaudIA no se lo inventa ni le da una cita «a ver qué pasa». Es la diferencia entre un asistente que te llena la agenda y uno que te la ensucia.
Sirve para que te avisen. El recordatorio se manda con la anticipación que elijas y pide confirmación, así que tu agenda te dice quién viene seguro y quién no ha contestado. Cuando alguien cancela, la hora se ofrece automáticamente a quien esté en la lista de espera. Y en el panel ves quién falla a menudo sin avisar, que es un dato que casi nadie tiene y decide muchas cosas.
Quien quiere venir antes se apunta y espera. En cuanto se libera una hora, ClaudIA se la ofrece por WhatsApp a quien encaja, por orden. Si contesta que sí, la cita queda hecha sin que nadie llame. Si no contesta en un rato, pasa a la siguiente persona. Nadie recibe dos ofertas de la misma hora.
Sí, con Google Calendar y en los dos sentidos: lo que ClaudIA agenda aparece en tu calendario, y lo que bloquees en tu calendario deja de ofrecerse. Cada groomer puede conectar el suyo.
Sí. Tu centro tiene su propia página de reserva, con tu logo y tus colores: el cliente elige servicio, groomer y hora, y la cita entra en tu agenda. El enlace se pone donde quieras —tu perfil de Google Business, Instagram, tu web— y también hay un código QR para el mostrador. Sin apps que descargar y sin comisión por reserva.
El mismo día. Conectas el WhatsApp de siempre con un código QR —sin cambiar de número—, configuras tus servicios, bonos, groomers y horarios con un asistente que te lleva paso a paso, y ClaudIA empieza a atender. Tus clientes se importan desde un CSV en diez minutos.
Si lo que tienes es una libreta, un cuaderno o el calendario del teléfono, sí: agenda por groomer, ficha de cliente y de perro, bonos, cobros e informes van todo dentro. Si usas ya un programa, ClaudIA convive con él y puede importar tus clientes desde el que uses ahora.
Depende de por dónde te conecten, y es una pregunta que casi nadie hace. Por la API oficial de WhatsApp Business de Meta, una caída o un cambio de políticas de Meta te afecta, y además tienes la ventana de 24 horas: fuera de ella no se puede escribir a un cliente salvo con plantillas aprobadas, que es lo que arruina la mitad de los recordatorios. La otra vía, que es la normal en ClaudIA, es la sesión del propio WhatsApp del centro, vinculada con un código QR: no depende de la API de Meta ni tiene ventana de 24 horas. Pregúntalo siempre antes de contratar a cualquiera.
En centros con varios groomers, con bonos, con perros que vuelven cada pocas semanas y con más mensajes de los que se pueden contestar a tiempo: ahí recupera los mensajes de la noche, confirma las citas y ofrece cada cancelación a quien estaba esperando, sin llamar a nadie. Y el precio final lo cierras tú al ver al perro, que es lo que evita la discusión en el mostrador.
Sí, hoy en España. Desvía las llamadas que no puedas atender —todas, o solo cuando comunica o está cerrado— y ClaudIA las contesta con voz natural, informa, comprueba las horas libres reales y crea la cita durante la propia llamada. Con las manos mojadas y el secador puesto es cuando más se nota. Cada llamada queda en tu panel con su resumen y su transcripción, y sin cambiar el número del centro. Con número español: el desvío es una llamada nacional.
Sí. Contesta al mismo chat donde ClaudIA te avisa y dile lo que quieres con tus palabras: «pásame el de las doce a las cinco», «bloquéame el jueves por la tarde», «escríbele a Marta que puede traer a Nube mañana a las nueve». Sabe hacer siete cosas: mover una cita, dar una nueva, cancelarla, bloquear un rato de agenda, escribir a un cliente, abrirle ficha a quien llama por primera vez y apuntar que alguien no ha venido. Cuando mueve o cancela, avisa ella misma al cliente.
Lo ves antes de que ocurra nada, porque nunca ejecuta a la primera: te devuelve exactamente lo que va a hacer —nombre completo del cliente, día y hora de antes y de después— y espera tu confirmación. Si no es lo que querías, dices que no y se descarta. Esa confirmación caduca a los diez minutos, así que un «sí» de la mañana siguiente no mueve la cita de nadie. Respeta además las reglas de tu agenda, no escribe a nadie de madrugada, cada teléfono del equipo puede tener permisos distintos y todo queda en el registro del centro.
Sí. Cada persona tiene su acceso y su perfil: cotitular para tu socia o tu socio (lo mismo que tú), gerente (lleva la peluquería entera menos los accesos, el contrato y el pago), empleado (la agenda de todo el equipo, las conversaciones, los clientes y cobrar, sin ver los informes ni el dinero del negocio) o solo lectura. Quien hace cada cosa queda registrado.
Sí, en España, donde el registro de jornada es obligatorio si tienes equipo. Cada persona ficha su entrada, su salida y sus pausas desde su propio acceso o desde el punto de fichaje del local; los registros quedan guardados, se pueden consultar y exportar, y tú ves quién está trabajando sin preguntar. Está incluido según el plan.
Siempre. ClaudIA se presenta como asistente digital del centro en el primer mensaje y lo dice si se lo preguntan, como pide el Reglamento europeo de IA. Y en cuanto alguien de tu equipo entra en la conversación, ClaudIA se aparta.
En centros de datos de la Unión Europea. Antes de empezar se firman online el contrato de servicio y el anexo de encargado del tratamiento, que es lo que exige el RGPD cuando alguien trata datos por cuenta de tu negocio. Tus datos son tuyos: puedes exportarlos cuando quieras y pedir que se borren.
Sí, y en este oficio Instagram trae trabajo de verdad: alguien ve un antes y un después y escribe por ahí. Conectas la cuenta del negocio (profesional o de empresa), los mensajes directos entran en la misma bandeja que el WhatsApp y ClaudIA contesta y reserva con la misma agenda y el mismo tono. Tú ves toda la conversación en el panel.
Sí. Lo activas en Reseñas y pegas el enlace de tu ficha de Google; eliges cuántas horas después de la cita se pregunta y desde qué visita. Con un 4 o un 5, ClaudIA da las gracias y ofrece el enlace; con una nota baja no manda a nadie a Google: te llega a ti en privado con el motivo. Nunca dos peticiones a la misma persona en treinta días.
Sí, sin tarjetas de cartón. Eliges el modelo —un sello por visita o puntos por lo que gasta cada cliente— y de uno a tres premios con lo que cuesta cada uno. Cada cita atendida suma sola, el saldo se consulta por WhatsApp, y el canje lo haces tú desde la ficha del cliente: ClaudIA nunca lo da por hecho. Está incluido según el plan.
Sí, desde Marketing: un cambio de horario, dos semanas de cierre, un martes vacío. Escribes el mensaje una vez —el nombre de cada cliente se pone solo—, eliges a quién va y la lanzas tú desde el panel: hasta que no la ejecutas no sale ni un mensaje. Los envíos van espaciados, de treinta a noventa segundos, respetan las horas de cortesía y solo llegan a quien acepta recibir comunicaciones.
Las dos cosas. Eliges a quién le llega cruzando condiciones: quien lleva X días sin venir, quien se hizo un servicio concreto, quien NUNCA se lo ha hecho —ese es el que vende lo nuevo—, quien tiene un bono a punto de acabarse, quien cumple años este mes, quien lleva una etiqueta tuya. Antes de que salga nada pulsas «Ver a cuántos les llegaría» y te dice el número y quiénes se quedan fuera y por qué, así que un filtro mal puesto se ve antes del primer mensaje. Cuando das con una combinación que funciona, la guardas con nombre y la reutilizas. Y si quieres, la campaña se dispara sola cada día a quien vaya entrando en ese grupo: la primera pasada no manda nada, solo cuenta el alcance y te lo dice; hay un tope diario, una sola tanda al día, y a la misma persona no se le repite en catorce días.
Sí. Cobras desde la propia cita, con el precio ya puesto y la forma de pago que elijas; el ticket se entrega impreso o por WhatsApp, y el cierre del día cuadra lo cobrado con lo que hay en el cajón y deja el resumen listo para tu asesoría contable. En España la caja ya funciona y entrega comprobantes de cobro, con lo cobrado por tipo de IVA en el resumen para tu asesoría. La factura simplificada conforme al reglamento está en preparación, sin que tengas que enviar nada a Hacienda.
Cuando quieras y sin pedírnoslo. Desde tu panel descargas tu cartera de clientes y tu agenda entera —todas las citas, pasadas y futuras— en un archivo que se abre en cualquier hoja de cálculo. No hay permanencia, no hay que avisar con meses de anticipación y no hace falta estar al corriente de pago para descargarlo.
Sí. Cada web de país publica sus precios en su moneda y ClaudIA habla como se habla allí. Lo que hoy es solo de España es el teléfono con voz y el fichaje del equipo, porque dependen de un número o de una ley españoles; el WhatsApp, el Instagram, la agenda, la ficha de cada perro, los bonos, el «toca baño» y la caja funcionan igual desde el primer día.
Tres cosas que ya tienes: el número de WhatsApp del centro (el de siempre), tus servicios con su precio por tamaño y su duración, y tus horarios y quién hace qué. Nada que instalar. En la demo lo dejamos configurado contigo, y tus clientes se traen desde el programa anterior o desde la agenda del teléfono en diez minutos.
Sí. Pide una demo y verás a ClaudIA atendiendo con tus servicios, tus tamaños y tus horarios, sin compromiso. En la portada hay además un centro de demostración al que puedes escribir por WhatsApp como si fueras cliente: es la misma ClaudIA con una agenda de prueba. Y el primer mes es gratis.
A personas. El soporte está incluido en la cuota y lo abres desde tu propio panel, con el historial de cada consulta; si algo falla queda registrado y se puede revisar qué pasó y cuándo. Además hay un asistente de configuración guiado y un centro de ayuda con guías cortas de lo que más se consulta.
Preparamos una propuesta según el tamaño de tu centro y el número de sedes. Pide una demo y te la llevamos preparada, sin compromiso. Todo incluido: conversaciones ilimitadas, recordatorios ilimitados, sin alta y sin permanencia.
Citas del periodo con su comparativa, ocupación por groomer, servicios más hechos, bonos vivos y consumidos, clientes nuevos y de dónde llega cada uno, ausencias, a quién le toca volver, y el resumen diario de cada mañana. Se filtran por los periodos que elijas y se exportan.
Se activa por centro desde tu panel. Al activarla eliges la moneda de tu caja y quedan creados tus métodos de pago —efectivo, tarjeta, transferencia…—, que ajustas en Caja → Ajustes: el nombre, si piden referencia y cuáles están activos. Cada mañana abres la caja con el dinero con el que empiezas y, desde ese momento, el arqueo se va contando solo.
Desde la agenda, abre la cita y pulsa «Cobrar»: entra con el servicio, su precio y el nombre del cliente. Para una venta suelta (un champú, un accesorio) entras en Caja y eliges del catálogo o escribes la línea. Marcas qué groomer atendió, añades propina si la hay y eliges cómo te pagan: uno o varios métodos. El botón de cobrar solo se enciende cuando los pagos cuadran con el total, así que no se cobra de más ni de menos.
Al cobrar eliges: imprimirlo en cualquier impresora que tengas, enviarlo por WhatsApp a su número o por correo, y puedes usar varios a la vez. Sale con el nombre, la dirección y el teléfono de tu centro, en el estilo que elijas en Ajustes. Desde la lista de tickets del día lo reimprimes o lo reenvías cuando haga falta.
Sí a las dos cosas. Para vender un bono eliges la ficha del cliente, pulsas «Vender un bono» y el bono queda apuntado a su nombre con su ticket; en la siguiente visita se cobra con el bono y baja una sesión. Para devolver, desde el ticket indicas el motivo y cuánto (todo o una parte): sale un abono en negativo por los mismos métodos, nada se borra y el arqueo cuadra solo.
Cuentas el dinero de verdad y escribes lo contado en cada método. Si cuadra, se cierra; si falta o sobra, se cierra igual, te lo dice por moneda y queda apuntado. Cada cierre se sella y lo vuelves a ver e imprimir desde «Turnos anteriores», con su conteo: cuánto entró por tarjeta el martes ya no hay que buscarlo.
Un libro del mes con una fila por cobro: fecha, número, cliente, qué se hizo, quién lo atendió, método de pago y tipo de IVA del servicio; y al final el resumen por día, por método, por groomer y por tipo de IVA. Lo ves y lo descargas en Caja, en el apartado para tu asesoría,, y con un botón se lo mandas al correo de tu asesoría cuando quieras. Es el Excel que preparabas a mano, hecho solo.